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La dignidad de cambiar de opinión

El ego no siempre aparece cuando queremos destacar. A veces se esconde en algo más silencioso: la necesidad de justificar una decisión incluso cuando la realidad ya nos está mostrando que debemos corregirla.

La dignidad de cambiar de opinión
DESDE EL DOJO · CONTEXTO PARA TU SESIÓN
INFORMACIÓN · CONTEXTO · DECISIÓN · PROCESO

En una reunión, alguien propone una solución. La conversación avanza, se reparten tareas y todos salen con la sensación de haber tomado una buena decisión.

Dos días después aparece un dato que no encaja. El problema no está mejorando. Una parte del plan se ha quedado corta. Quizá la propuesta inicial no era tan sólida como parecía.

Entonces ocurre algo curioso.

En lugar de revisar la decisión, empezamos a defenderla.

«Si hubiéramos tenido más tiempo…»
«El problema ha sido que los demás no lo han ejecutado bien…»
«En realidad, la idea era buena; lo que ha fallado es el contexto…»

Puede que alguna de esas explicaciones sea cierta. Pero también puede ser una forma elegante de no mirar de frente lo más sencillo: nos equivocamos o, al menos, necesitamos ajustar el rumbo.

El ego no siempre quiere aplausos. A veces solo quiere no quedar expuesto.

Por eso se disfraza de coherencia, de firmeza o de perseverancia. Nos hace confundir mantener una decisión con tener principios. Nos convence de que cambiar de opinión es una derrota, cuando muchas veces es la prueba de que hemos incorporado información nueva.

La humildad no consiste en pensar que no sabes nada. Tampoco en rebajarte, pedir perdón por existir o aceptar cualquier crítica sin criterio. La humildad útil es más concreta: saber distinguir entre tu identidad y tus conclusiones.

Tú no eres tu última opinión.

Una decisión equivocada no convierte en inútil a quien la tomó. Una relación que has gestionado mal no te convierte en una mala persona para siempre. Un proyecto que necesita cambios no invalida todo el esfuerzo anterior.

Pero mientras confundas lo que has hecho con lo que eres, corregir te parecerá una amenaza. Y cuando corregir parece una amenaza, el ego empieza a proteger una versión antigua de ti mismo en lugar de proteger tu futuro.

Piensa en una conversación familiar. Alguien te señala que llevas varios días respondiendo con impaciencia. Tu primera reacción puede ser recordar todas las veces que tú has estado disponible para esa persona. No estás respondiendo a lo que te está diciendo; estás presentando pruebas de que mereces ser considerado alguien razonable.

Quizá esas pruebas sean ciertas. Pero no contestan la pregunta importante: ¿cómo estás actuando ahora?

La capacidad de corregirse empieza cuando dejamos de construir un juicio sobre quién tiene razón y empezamos a observar qué está ocurriendo.

¿Qué parte de lo que defendemos nace de la evidencia y qué parte nace del miedo a quedar mal? ¿Estamos protegiendo una decisión o la imagen que queremos conservar de nosotros mismos? ¿Qué dato, conversación o resultado tendría que aparecer para que estuviéramos dispuestos a cambiar?

No hace falta esperar a una gran crisis para practicarlo. Hoy puedes elegir una decisión reciente y escribir tres cosas:

1. Qué creías que iba a ocurrir.
2. Qué ha ocurrido realmente.
3. Qué vas a ajustar a partir de esa diferencia.

Sin insultarte. Sin adornarlo. Sin convertir el análisis en una defensa.

Después, si tiene sentido, pregunta a alguien: «¿Qué estoy pasando por alto?». Y escucha la respuesta completa antes de preparar la réplica.

No siempre tendrás que aceptar lo que te digan. Corregirse no es obedecer a todo el mundo. Es permitir que la realidad tenga una voz más fuerte que tu necesidad de parecer coherente.

Hay una forma de madurez que no se nota en lo que afirmas, sino en la velocidad con la que puedes decir: «Esto no está funcionando como pensaba. Voy a revisarlo».

Esa frase no te hace más pequeño.

Te devuelve margen de maniobra.

Porque el verdadero coste del ego no es equivocarse. Es necesitar tanto tener razón que acabas repitiendo el mismo error para no reconocer el primero.

Hoy observa una situación en la que estés defendiendo tu versión con demasiada energía. ¿Qué cambiaría si, en lugar de preguntarte cómo demostrar que tienes razón, te preguntaras qué puedes aprender antes de seguir avanzando?

REFLEXIÓN PARA HOY

¿Qué decisión, opinión o comportamiento estás protegiendo ahora mismo más por orgullo que por evidencia?

Escrito y revisado por Juan Antonio Corbacho
CEO de YU Trading Club · Contenido educativo; no constituye asesoramiento financiero.

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